Los sanitarios en la españa rural decimonónica

Los sanitarios en la españa rural decimonónica

Para los que procedemos del mundo rural y vivimos en las ciudades, contemplar nuestros pueblos de origen cuando volvemos en vacaciones o fin de semana, produce a menudo un sentimiento de pena o de pesar. Contemplar en Castilla, Aragón o, en general, en toda la España interior, las casas abandonadas o caídas, las escuelas, bares o tiendas cerradas desde hace años, produce una enorme tristeza.

En el mejor de los casos ciertos días acuden a los pequeños pueblos panaderos, pescaderos o carniceros, pero los servicios básicos están centralizados en las cabeceras de comarca, como sucede por ejemplo con la atención sanitaria. Argumento que, con la enseñanza de los niños y las mejores oportunidades laborales, es definitivo para abandonar la casa del pueblo y marchar a una urbe mayor. Y ello a pesar de la mejora indudable en las comunicaciones o en el confort de las casas.
Los pueblos españoles tienen hoy una población muy escasa y muy anciana, sin sector servicios o reducido a la mínima expresión. Pero esto no siempre ha ocurrido así. No hace falta ser muy anciano para recordar estos mismos lugares plenos de vida económica y de movimiento humano. Con maestros, sacerdotes, médicos, farmacéuticos o veterinarios, que daban un tono culto a la vida cotidiana. Momentos hubo en que el nivel cultural y científico de nuestros pueblos fue muy notable, incluso llegó en ciertos sitios a alcanzar un nivel que podemos considerar muy alto. Y de esto precisamente queremos tratar aquí.

No hace falta ser muy anciano para recordar estos mismos lugares plenos de vida económica y de movimiento humano.

La circunstancia de poder acceder hoy desde internet a buen número de viejos periódicos y revistas publicados en España, nos ha permitido estudiar antiguas revistas sanitarias en las que no son raras las colaboraciones y los artículos que llegan desde los pueblos más pequeños de la ruralía hispana. ¿Qué quiere esto decir? Pues, sencillamente, que hasta en las más recónditas aldeas existían médicos, cirujanos, boticarios, veterinarios o ministrantes que tenían cosas que contar en el terreno científico y en el profesional.

Llama la atención la abundancia de historias o de casos clínicos curiosos que se ofrecen al debate, el atrevimiento de muchas intervenciones quirúrgicas, la rareza de tantas sintomatologías como podían llegar aquellas modestas consultas, el ingenio de los tratamientos que debía suplir una farmacopea pobre y atrasada, o las notables investigaciones naturalísticas de aquellos profesores que vivían tan alejados de los centros académicos oficiales. Sin contar la generosa actuación de todos ellos en las graves epidemias de cólera como azotaron durante años estos territorios, y que tantas vidas costaron a los mismos sanitarios.

Y todo ello en un ambiente generalmente hostil para el cultivo de la ciencia. Con contratos profesionales que se renovaban año a año, para San Miguel, siempre a merced de caciques y de ricos de pueblo que despreciaban cuanto ignoraban. Mal pagados, con una fuerte competencia con otros colegas, cobrando generalmente en especie de baja calidad. Sin poder ausentarse del pueblo nada más que para atender enfermos de masías o de pequeñas aldeas vecinas, adonde se desplazaban montando la propia mula. “Médicos de espuela” les llamaban despectivamente.

Da que pensar que sólo en la provincia de Teruel existieron no menos de media docena de revistas de magisterio, en aquellos tiempos de malas pagas y de aulas masificadas.

Pues bien, a pesar de este contexto tan poco estimulante para la práctica científica, donde lo normal era que nuestros profesores se adocenaran y languidecieran intelectualmente en el estrecho marco de casinos y de cafés de pueblo, repasando las viejas revistas sanitarias españolas de la segunda mitad del siglo XIX hemos encontrado una brillante nómina de profesores rurales insospechadamente interesante. No fueron tan raros casos conocidos como los farmacéuticos turolenses Francisco Loscos Bernal y José Pardo Sastrón, o el del segorbino Carlos Pau Español, piezas fundamentales en la historia de la botánica patria. Hay también una amplia nómina de otros nombres, tal vez no tan conocidos pero no por ello menos importantes, que surgieron durante esas décadas en pueblos donde hoy tal vez no haya médico ni farmacia.

Es más, analizando los lugares de edición de las revistas sanitarias de las décadas finales del siglo XIX, advertimos que muchas de ellas se editaron en pequeñas ciudad o pueblos como Béjar (Salamanca), Belorado (Burgos) donde nació la primera revista española de farmacia, Morata de Jiloca (Zaragoza), Lerma (Burgos), Arévalo de la Sierra (Soria), etc.

Y lo mismo podemos decir de la importancia y de la influencia de los maestros de esa misma época. Da que pensar que sólo en la provincia de Teruel existieron no menos de media docena de revistas de magisterio, en aquellos tiempos de malas pagas y de aulas masificadas. Todos conocemos el dramático dicho popular de “Pasar más hambre que un maestro de escuela”. Me pregunto ¿cuántos maestros turolenses hoy escriben en periódicos de su profesión o de cualquier otra índole? Lo mismo cabe decir de médicos, farmacéuticos o veterinarios. Todos infinitamente mejor pagados y reconocidos socialmente hoy que entonces.

Todos conocemos el dramático dicho popular de “Pasar más hambre que un maestro de escuela”

Todo esto que decimos se confirma plenamente en el estudio que dedicamos a La Asociación, la primera revista de ciencias de la provincia de Teruel, donde encontramos artículos del mayor nivel científico de los farmacéuticos antes citados o de Matías Gámir; veterinarios como Lorenzo Grafulla o Juan Herrero y Argente; médicos de la talla de Juan Ramón Arnau, Francisco Bosch o Miguel Ibáñez; y cirujanos de la de Pascual Altabás.

Es cierto que los avances de la ciencia motivaron que poco a poco ésta se concentrase en el entorno de las universidades y de los grandes centros hospitalarios que se crean en las ciudades. Esta circunstancia, unida al despoblamiento rural que comienza ya en los primeros años del siglo XX, motivará que desaparezcan estas revistas médicosanitarias de los pueblos, y que las nuevas publicaciones periódicas dejen de contar con el concurso de las noticias que hasta entonces llegaban del mundo rural. Pero ello no debe hacernos olvidar la importancia de las aportaciones científicas que en un momento dado se hicieron desde nuestros pueblos.

Todo un ejemplo para la actual generación de sanitarios, maestros o sacerdotes que ejerce hoy en el mundo rural.

Desde la Farmacia Online De Jaime de Valencia, esperamos les haya resultado interesante este breve post. 


JAIME RUIZ, J.M. DE; CATALÁ GORGUES, J.I.; JAIME LORÉN, J.M. DE (2015): La Asociación (1883-1891). Primera revista de ciencias de la provincia de Teruel. Calamocha, Centro de Estudios del Jiloca, 350 p.

José María de Jaime Lorén. Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia, España)

DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX, EN LAS REVISTAS SANITARIAS ESPAÑOLAS PUBLICARON NUMEROSOS ARTÍCULOS Y COLABORACIONES CIENTÍFICAS DE GRAN NIVEL PROFESORES QUE EJERCÍAN EN EL MUNDO RURAL.

¿POR QUÉ LOS MAESTROS, SANITARIOS Y SACERDOTES QUE HOY EJERCEN EN EL MUNDO RURAL HISPANO HAN PERDIDO LA AFICIÓN PUBLICISTA QUE TUVIERON ANTAÑO?

 

 

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