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La limpieza de la farmacia, excepto algunos periodos en que la hizo la señora Rosa, Leonor, Mª Carmen Cuevas o Luisa Olmedo, siempre ha sido cosa de Carmele la mujer de Isidro Herráiz. Limpia bien, pero habla mucho. Ahora, es bien buena, como buenas son las gachas que nos prepara en algunos inviernos. Es de Aldea del Rey, junto a Calzada de Calatrava, y de allí se trae la harina de guijas y los chicharrones. Bien calientes nos las comemos todos juntos en la horchatería de Paco y Magdalena.

El mundo de la farmacia siguió un despegue paralelo. Ya no estábamos tan aislados y era más fácil explicar donde estábamos y donde vivíamos. Sobre 199? Adquirí el primer ordenador personal, que todavía me permitió preparar con él la Tesis Doctoral en Farmacia sobre “José Pardo Sastrón, cien años de farmacia, botánica y vida rural bajoaragonesa”. Con anterioridad había hecho ya la Tesis en Ciencias Biológicas sobre “Los animales a través de la literatura paremiológica castellana”, en varios volúmenes todavía mecanografiados.

En lo profesional el fenómeno autonómico supuso la creación de la Conselleria de Sanitat y la correspondiente reordenación de todo el sector sanitario, Farmacia incluida. El Colegio de Farmacéuticos perdió una parte del protagonismo que siempre había tenido, en favor de la Conselleria.

Un cambio importante se produjo cuando se redujo en los años 80 el número de farmacias de guardia, que pasaron de cerca de la veintena cada día a ser tan sólo siete u ocho. Desacostumbrada la gente, los primeros tiempos se formaron grandes colas en las farmacias de guardia, sobre todo en las situadas en zonas de paso, lo que no era nuestro caso.

Naturalmente la inmensa mayoría de las demandas no eran urgencias. Nunca lo fueron salvo rarísimas ocasiones. Eran los lógicos olvidos de Tiritas®, chupetes, leches infantiles, analgésicos o anticatarrales para ir tirando.

Hoy este problema ha desaparecido por completo, pues en Valencia hay nada menos que dieciseis farmacias abiertas las 24 horas del día, lo que fue a su vez motivo de amplio debate profesional y ciudadano; a las que debemos sumar todas las que abren desde las ocho de la mañana a las diez de la noche dentro de una casi infinita gama de horarios posibles, sábados por la tarde incluidos y no incluidos.

Nosotros hemos preferido siempre, ceñirnos lo más posible a las recomendaciones horarias del Colegio de Farmacéuticos, y no nos ha ido del todo mal. Igual a los que abren tantas horas es porque tienen problemas económicos, ganan poco y necesitan vender más para sobrevivir. Ellos verán.

En cuanto a los almacenes que siempre nos han suministrado los medicamentos, tenemos Centro Farmacéutico Valenciano y Cooperativa Farmacéutica Valenciana-COFARES. Con el tiempo decidimos incorporar a los zaragozanos de SAFA-Galénica, y de momentos seguimos contentos con estos tres almacenes. No somos partidarios de hacer grandes mudanzas si las cosas van normales.

Tras el ordenador personal llegó la impresicindible informatización de la farmacia que realizamos a entera satisfacción con Pharmaplus®, programa que nos instalaron Paco y German desde SAFA.

En septiembre de 1996 entró a trabajar en la farmacia Nicolás, que con nosotros sigue desde entonces. Vecino del barrio, hijo de Amparo y de Nicolás, también fallecido este último, pero sobre todo hermano de la siempre bellísima Cristina, felizmente casada con Juan el sevillano, y hermano también de Javier y Silvia.

En 1999 trasladamos la farmacia desde el número 22 de la calle Méndez Núñez al 15 de la misma calle. Aunque la mejora de instalación era evidente, nos hizo duelo por lo bien que siempre habíamos estado tratados por los vecinos de la finca. Recuerdo que al poco de abrir la farmacia, al principio, se suscitó un problema con la fosa séptica que había bajo el local, y enseguida se pusieron manos a la obra para que no se planteara problema alguno al establecimiento. Guardia hubo en que subí a comer invitado a casa de Isabel y de José Ato, que hacían un arroz con caracoles de chuparse los dedos.

Ya en el nuevo local, entraría a trabajar al terminar su carrera y su especialización en ortopedia nuestro hijo mayor Pepe, hoy sin duda el alma mater del establecimiento, por su interés, por su sencillez, por su laboriosidad y, sobre todo, por su bondad y saber profesional. No hay la menor duda de que los tres, Pepe, Nicolás y yo, formamos un buen equipo de trabajo.


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